Puedo aseguraros que estar entre esta docena de gatos callejeros está siendo uno de los episodios más gratificantes y emotivos de mi vida, además de una increíble oportunidad de aprender. Me refiero a estos temerosos gatos callejeros que aparecen en el vídeo y en las fotografías que acompañan este post, que tanto tiempo han tardado en aceptar y apreciar nuestra compañía, y que ahora, incluso, nos acogen con su inseparable compañía y su intenso cariño.
Dicho así podría parecer que estoy hablando de unos hechos idílicos en un mundo idílico; un mundo de bondad absoluta en el que no caben ni el dolor ni el mal. Nada más lejos de la realidad, ni para estos animales ni para mí mismo. Estos gatos tienen una esperanza de vida muy reducida viviendo a la intemperie y expuestos a alimañas, al ser humano, al tráfico y a sus propias diferencias. Por lo que a mí respecta, el desgaste al que me someto nada tiene que ver con las inclemencias del tiempo ni con mi integridad física, sino más bien con la severidad de este mundo tan gratuitamente violento en algunas ocasiones, y a menudo tan ingrato.
Recalar en el pequeño mundo de estos preciosos animales, disfrutar de su falta de artificios, de su transparencia, de su fragilidad, de su inocencia y de su especial cariño, está siendo una experiencia inmensamente relajante, depuradora, sanadora y vivificadora. Una experiencia que nos ayuda a deshacernos de todas esas toxinas mentales y emocionales que, en forma de modas, rutinas, prejuicios y rencores, nos devoran.
Creo que cuando Jesús pronunció la frase "Otra vez os digo que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” (Mateo 19:24) ciertamente no quería decir que fuera diminuto el espacio por el que se accede al paraíso, sino que es desmesurado el tamaño de nuestro egoísmo y de nuestra vanidad, compañeros de viaje con los cuales no sólo nos resultará imposible alcanzar el edén, sino también acceder a esa otra maravillosa posibilidad que es la de gozar de las delicias de este mismo mundo, especialmente del mayor de los regalos: la del más tierno amor. No en vano, nuestra capacidad de ver, comprender y disfrutar resulta proporcional a nuestra capacidad de amar.
No tengo duda de que cuanto más pequeños y anónimos somos, resultado de mayor humildad, más se agranda el universo en el que vivimos —nuestro universo personal— y mayores y mejores son los frutos que nos ofrece la vida.
Pequeño... Pequeño... Como estos encantadores gatitos... ¿El secreto de la felicidad? ¿La sencilla grandeza de la vida? Tal vez...
Emilio M.
La fiamma nel petto
(Más fotografías de "la familia de mininos" debajo del vídeo que les grabé)
Música: Robert Haig Coxon - Arn the knight templar
(por emiliobyn)



6 comentarios:
Son preciosos. Y parecen tan necesitados de afecto!!!
Pues sí, de anónimos personajes está la vida llena. Y eso es grandeza
Abrazos
¡Dios mío! si son un montón.
Sin duda, el secreto de la felicidad es la sencilla grandeza de la vida...
Unas imágenes preciosas. Acuden, además de al alimento, a esas caricias que les dan calor y cariño. Bello, Emilio.
Un beso grande y mi cariño.
Hoy he recordado una lección aprendida: cuanto más amor das, más amor recibes.
¿Te has parado a pensar en los sentimientos de esos gatos hacia esa persona que extiende su mano generosa para brindarles comida, darles cariño mientras pasa su mano sobre su lomo, y compañía con la cercanía, el silencio y el respeto?
El vídeo es muy "palpable" en todos estos sentimientos.
Enhorabuena por ser así, por acercarme hoy a esa lección y por mostrarme el lado más amable de las cosas.
Eres grande, porque no lo pretendes.
Un abrazo.
Hace días leí tu post, he entrado a leerlo varias veces y ver las imágenes en las que me quedo prendida y emocionada, tus palabras una verdadera enseñanza de amor, de buscarlo donde simplemente se palpa, se siente, en las cosas más pequeñas, en la divinidad maravillosa de sus orígenes y esperaba tener tiempo para comentarte y dejarte algo, que inmediatamente vinieron a mi mente mientras observaba y leía tanta muestra de humildad, de amor.
DEL SERMON DEL MONTE DE JESUS:
Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?”
Mateo 6:26
“Y por el vestido. ¿Por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho mas a vosotros, hombres de poca fe. No os afanéis, pues, diciendo:¿Qué comeremos, o qué beberemos, o que vestiremos?”
Mateo 6: 28-31
No soy dogmática, pero nadie nos dió más muestra de humildad y amor que Jesús, sin embargo hay miles de gatitos deambulando en las calles, miles de seres humanos que pasan hambre y nosotros ni siquiera volteamos la cara, cuando puedo leer entradas como la tuya, el mundo me sonríe.
Gracias Emilio
Mi admiración y cariño
Tienen los ojos limpios, quiero ser como ellos.
Besos.
Por cierto, esta música voy a robártela...
La sencillez y naturalidad son el supremo y último fin de la cultura.
Friedrich Nietzsche
Publicar un comentario en la entrada