LA FIAMMA NEL PETTO - RENASCIMENTO

domingo 23 de octubre de 2011

UN AÑO DESPUÉS (LA VIDA NO ESPERA...)


"¡Qué pequeñas son mis manos en relación
a todo lo que la vida ha querido darme!"


Ramón J. Sénder (1902-1982)


Un año después, en nuestro querido cerro de los vencejos, la vida de las dos crías que tantas alegrías nos han dado (dos hembras de gato) ha cambiado mucho. La gatita blanca y negra, siempre más tímida y retraída está tuerta. Supongo que herida en una pelea de gatos (¡y es que tienen genio!). La gatita blanca -la "blanquita", tintada con unas pequeñas manchas pardas- ni siquiera vive. Murió hace poco, suponemos que atropellada, aunque puede ser que hubiera otros motivos diferentes. Apenas vivió poco más de un año: un verano (debió nacer el verano del pasado año), un otoño (al final del cual la conocimos, junto a su hermana), un duro invierno, una esplendorosa primavera y un esquivo verano.

Nos dejó un buen montón de buenos momentos, de miradas dulces, de cariños y de llamadas, porque la gatita blanca era más decidida y confiada, y se dejaba acariciar más fácilmente (aún así nos costó seis meses que se dejara tocar). Sus llamadas despertaban nuestra ternura. Creo que no hay animal que me conmueva más en su llamada que los gatos.

También nos dejó sus crías, porque tuvo una pequeña camada a pesar de ser tan joven. Apenas con seis meses la vimos persiguiendo a un corpulento gato negro. ¡Ni a la comida hacía caso! Ahora quedan sus crías, y las crías de su hermana, y las crías de otra gata que se unió a ellas en primavera (creemos que hija de la misma madre, pero de diferente camada). En total, donde antes había un par de gatas, ahora hay cerca de quince gatos. La familia -a pesar de esta triste perdida- ha crecido mucho. Y seguirá creciendo porque una de las gatas está a punto de parir otra vez.

El video de estas dos gatas está tomado cuando apenas debían tener cinco o seis meses, en pleno invierno. Todavía mostraban un buen estado de salud. Después, en primavera, con la preñez, adelgazaron y apenas pudieron recuperar algo de peso.

La vida no espera. Sigue su ritmo, una veces acelerado y otras, más lento; en ocasiones, más grato y en otras, terriblemente duro. Somos como esas briznas de hierba que crecen en el Ártico: todo un semestre esperando a que salga el sol para despuntar sobre la nieve, y siempre expuestas a ser aniquiladas por una fuerte tormenta o una traicionera helada. Pero no renuncian a la vida, ni renuncian a su momento de esplendor. No renuncian a entregarse y a robarle, por un momento, su protagonismo al destino y al tiempo.

Vivir aprovechando el momento. Vivir esperanzados en el futuro, por supuesto. Vivir reconfortados en el recuerdo, faltaría más. Pero, sobre todo, vivir el ahora sin perder ni un sólo instante, no vaya a ser que mañana sea demasiado tarde para hacer, decir, compartir... ¡Vivir!

Vivir... Aunque, a veces, duela vivir... porque la vida no espera...

Emilio M.
La fiamma nel petto

(Adiós blanquita. Marchaste para siempre, pero el cariño -el tuyo y el mío- permanece. Gracias gatita... Gracias vida... Gracias siempre...)

video


Dave Eggar - Daniel
(por daveeggar)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La vida sigue....y en ocasiones duele.
Y te sientes perdido y triste.....y piensas pero no avanzas.......La bola se hace cada vez más grande y lo que comenzó siendo una pequeña piedra en el camino se ha convertido en algo tan grande que no te deja ni ver.

Pérdidas........físicas, que son las más dolorosas.
Pérdidas........inmateriales, que hacen daño; ilusión, ganas, alegría

El cariño entre tu gata y su dueño no sabe de tiempos ni momentos, no sabe de ausencias ni lejanías. Es poderoso y llega allá donde nadie puede ni la vista alcanza.

Un abrazo.

Lucía dijo...

Vivir aunque a veces duela, sí.
Vivir sin miedo a la entrega...,al dolor..., al riesgo..., al amor...

Te dejó momentos irrepetibles esa gatita que has atesorado en lo bello de tu corazón.

Un abrazo grande y mi cariño, querido Emilio.